Los recientes acontecimientos registrados en el país asiático abrieron interrogantes sobre los riesgos asociados a grandes acumulaciones y desplazamientos de agua. Desde la Junta de Vigilancia del Río Huasco explican que las condiciones de Santa Juana son diferentes, pero llaman a reforzar el monitoreo y la preparación ante escenarios excepcionales.
Los recientes acontecimientos registrados en Nepal, donde una sucesión de fenómenos extremos terminó provocando una violenta liberación de agua con graves consecuencias aguas abajo, volvieron a instalar una pregunta que también puede trasladarse a las cuencas de montaña de Atacama: ¿qué tan preparados estamos frente a eventos de características excepcionales?
En la Provincia del Huasco, la interrogante conduce inevitablemente al Embalse Santa Juana, una de las principales infraestructuras hídricas de la cuenca y pieza fundamental para la regulación de las aguas del río.
De acuerdo con lo señalado por El Noticiero del Huasco.cl, el gerente de la Junta de Vigilancia del Río Huasco, Víctor González, explicó que las características de Santa Juana son distintas a las circunstancias que habrían desencadenado los recientes acontecimientos en Nepal, por lo que llamó a evitar comparaciones directas o interpretaciones que puedan generar alarma.
“Estamos hablando de una obra de ingeniería que fue diseñada precisamente para almacenar grandes volúmenes de agua y enfrentar crecidas importantes. Por eso, pensar que pueda ocurrir exactamente lo mismo que en Nepal es poco probable”, señaló González.
La diferencia, sin embargo, no significa descartar escenarios extremos. Una situación excepcional podría involucrar simultáneamente una crecida extraordinaria, grandes volúmenes de sedimentos o material proveniente de las laderas e incluso una remoción en masa que ingresara al embalse y provocara un desplazamiento violento del agua.
Por ello, más que instalar alarma, el análisis apunta a utilizar este tipo de acontecimientos internacionales como una oportunidad para revisar protocolos y fortalecer el monitoreo permanente de la cuenca, incluyendo las laderas, caudales de entrada, niveles del embalse y la infraestructura relacionada con su seguridad.
“La mejor forma de enfrentar una emergencia es tratar de anticiparse a ella”, sostuvo González.
El tema abre además otra discusión: qué tan rápido pueden reaccionar las instituciones cuando una emergencia exige decisiones inmediatas. Para el representante de la Junta de Vigilancia, disponer de infraestructura adecuada constituye solo una parte de la preparación.
“No basta solamente con tener buena infraestructura. También necesitamos procedimientos de emergencia que estén pensados realmente para una emergencia”, afirmó, planteando que aplicar los mismos plazos y exigencias administrativas de períodos normales puede retrasar acciones que, bajo circunstancias extraordinarias, requieren rapidez.
La discusión cobra especial relevancia en el Valle del Huasco después de las precipitaciones y crecidas registradas durante este invierno, que volvieron a evidenciar cómo eventos meteorológicos intensos pueden modificar rápidamente las condiciones del territorio.
La experiencia internacional deja así una señal para la cuenca: aunque las características del Embalse Santa Juana sean diferentes a lo ocurrido en Nepal, la prevención supone considerar incluso aquellos escenarios de baja probabilidad, mantener vigilancia permanente y contar con mecanismos capaces de responder oportunamente.
“Los desastres naturales no esperan los tiempos administrativos del Estado”, concluyó González.











