En el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, conmemorado cada 17 de junio, especialistas llamaron a reforzar las acciones para enfrentar uno de los procesos de degradación ambiental más acelerados del planeta, una realidad que impacta de manera directa a la Región de Atacama.
La jornada de este año estuvo marcada por el lema “Pastizales: Reconocer, Respetar, Restaurar”, impulsado por la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), que busca relevar la importancia de conservar ecosistemas clave para la seguridad alimentaria, la disponibilidad de agua y la resiliencia climática.
A nivel global, cerca del 40% de la superficie terrestre presenta algún grado de degradación, mientras que más de 1.500 millones de hectáreas requieren procesos de restauración antes de 2030. Un escenario que ha convertido la lucha contra la desertificación en una prioridad internacional.
En Atacama, la problemática adquiere características particulares debido a la escasez hídrica estructural y la presión sobre los recursos naturales. La cuenca del río Copiapó continúa enfrentando una situación de sobreexplotación de aguas subterráneas, mientras que el desarrollo de actividades productivas intensivas incrementa los desafíos para la gestión sostenible del recurso hídrico.
Frente a este escenario, la comunidad científica destaca el potencial que posee la región para desarrollar soluciones innovadoras adaptadas a condiciones extremas. Investigaciones sobre genética de plantas resistentes a la sequía, microorganismos nativos del desierto, captación de agua de niebla, uso de biocarbono, zeolitas y sistemas de riego de precisión aparecen como herramientas con alto potencial para enfrentar los efectos del cambio climático.
Especialistas coinciden en que uno de los principales desafíos es fortalecer la articulación entre la investigación científica, las políticas públicas y la gestión territorial, permitiendo que los avances tecnológicos desarrollados en la región puedan transformarse en soluciones concretas para enfrentar la desertificación y mejorar la seguridad hídrica.
Más allá de ser uno de los territorios más áridos del planeta, Atacama también se proyecta como un laboratorio natural único para el desarrollo de conocimientos y tecnologías que podrían contribuir a enfrentar desafíos ambientales presentes en distintas zonas del mundo.
Fuente El Mostrador











